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Típica utópica.

lunes, 30 de abril de 2012

Fotos atrás

¿Cómo evitar la corrupción de la carne y la sangre en las palabras? ¿Cómo salvar tanta poesía? Desgarrada quedó la atractiva danza con la que un día nuestros cuerpos se rindieron a la vida más pura, salvando las impurezas en los rincones de cualquier ciudad, de una ciudad que ya es cualquiera. Aquí, todos son unos cualquieras, todos lo somos. Aunque nosotros tuvimos el sueño de salvar la identidad de nuestros anónimos nombres con las manos enlazadas.
No debimos querernos en cuerpo y alma, tuvimos que hacerlo en esencia, pero no, somos tanta piel agarratoda en nosotros mismos... que se impone el discurso y la lágrima llana. Nos escondemos dentro, muy dentro de nuestros poros mientras recordamos que un día emergimos de tanta soledad y probamos el elixir de la gloria, mientras fotos intagibles sacuden nuestra memoria. Memoria, de tus días días días y de mis noches. No hay lugar ya para tanta imagen quieta, para tanto celo arrebatado, para tanta sonrisa sospechada, para tanto amor por descubrirnos. No hay lugar para el desahucio.
 Ahora sólo cabe la memoria y el impulso que has de erguir en las batallas en solitario contra todo lo que no queremos ser, contra todo lo que somos, abanderando el orgullo humilde de serlo y cumpliendo los pasos que te quedan por vivir.

sábado, 7 de abril de 2012

Tres lagrimales

Tu cuerpo era el lienzo y mis labios la pintura. A ratos nos alternábamos y entonces tú te dedicabas a pintar sobre mi vientre otros cielos más claros que los que nos cubrían. El pincel era un invento prescindible. Bastaba con el aire de los suspiros que erizaba el vello, como el viento mecía la hierba aquella mañana donde las caricias hablaban por nuestras bocas, y el líquido de nuestros cristales de horizonte empapaban nuestras manos. Tres ojos enfrentados al destino. Tres lagrimales que se habían resuelto a mezclar nuestras vidas.

lunes, 2 de abril de 2012

Fui. Fui para confundir rostros y cabellos entre otras sonrisas que no sé si eran las vuestras, pero sí, quiero creer que eran las vuestras. Fui para no verte y cultivar el romanticismo, y en la mirada la cobardía. Fui con las manos limpias para tapar tus ojos pero nunca entré. Las manos me pesaban en los bolsillos. Los suspiros me golpeaban la frente, y puede que durante un instante recuperara la poesía del anhelo. Llegué tarde y tú ya te habias ido, y las voces eran de los de siempre, de los de la monotonía que viven en los lugares que para mí, vuelven a ser no lugares. En medio de la calle de pasos que se recogían antes de la medianoche, coseché el ego de ese romanticismo y de esa cobardía, de esa locura premeditada durante el tiempo justo para que te escaparas, o el tiempo justo para que te hubiera dejado escapar. Y en realidad, puede que estuvieras allí, pero hoy no lo sabremos, y quién sabe mañana. Hoy solo sé que no te dije lo que no llevaba pensado, lo que solo habla cuando te ve. Fui, para quedarme con las ganas, para decirme que ya lo sabía y para decirte algún día que el intnto había merecido la pena. Pero si eras tú quien estaba allí, de espaldas a mis suspiros... nunca podré decir que lo intenté. Sólo podré decir que intenté cumplir algo más que este ojalá, pero que solo he cumplido con el intento de escribirte, es verdad, me pueden las palabras.

...miraremos lejos