Me miró con ojos de lince antes de seguir pedaleando por una ciudad que ya empezaba a oler a podrido. Él arrastraba el olor de los otros, en su caja verde llena de chatarra. Él no huele a basura. Ojos de lince que tienen la suspicacia necesaria para buscar en los restos de aquellos que aún tienen casa. Ojos menores que los míos y que su propia bicicleta. Aquí el hambre se mastica, y no se tira no vaya a ser que se pueda reciclar. Yo no se hasta qué punto una acción que implique un robo y se televise está justificada; yo no sé cuántas horas habrá estudiado aquel caballero para robar el dinero de un hombre que no sabe firmar; yo no sé a cuántos conductores con nombre, apellido e hijos, se habrá contratado para ir a hacer la compra de mi señora alcaldesa; no sé tampoco hasta qué punto vivió por encima de sus posibilidades una chica que se compró un piso en la urbe de una sociedad que te mira por encima del hombro por ser de pueblo y no de ciudad, no sé a dónde se tendrá que ir mi sobrino para trabajar menos de catorce horas diarias; ni cuánto oxígeno podrá aspirar mi nieto; ni sé hasta qué sueño me dormí yo en los laureles en lugar de hacer un mapa conceptual y aprovechar el conocimiento de un sistema que luego me ahogará entre sus brazos diciendo que me protege, yo no sé cuánta demagogia llevan mis palabras, tranquilas, en un ordenador portátil que gasta más que la luz que ese chiquillo podrá pagar. Yo no sé hasta qué punto me vale la pena ser humana.
Tenía los ojos de un lince que vivía entre salvajes.Y yo me arrepentí en su mirada.
miércoles, 8 de agosto de 2012
domingo, 5 de agosto de 2012
Yo te juro un beso imperecedero si tú no me pides que esté bien
Quebrarse los labios por los besos que no damos. Ruido de platos rotos en la memoria y un relámpago de polvo en la nuez de la garganta. Quién te ha visto y quién te ve, si siempre has sido el mismo, no te engañes, eterno harapo del infinito, volátil certidumbre de tu propia cobardía. Más humana que animal, pero animal al fin y al cabo. Bórrame de tu vida y déjame con la sinceridad hecha añicos de mis dudas, que siempre se creen razonables. Convertidos estamos en víctimas de nuestro victimismo. Dale un poco de luz a esta humareda, que me ahoga. Escribe una frase feliz, un consejo de vida, regálame un libro de autoayuda y hábame de humanismo y filantropía, y si no soy capaz de aplicarlo, alquílame al mejor impostor para luego comprarme de nuevo en el hotel de lujo de mis vanidades. Potencialidad y ficción. Imploremos ser y dejaremos de estar. El dolor debe ser transitivo. Yo te juro un beso imperecedero si tú no me pides que esté bien. Conóceme cuando me muerden bocas invisibles y tendrás mis mentiras al descubierto. Seamos sinceros para cada instante del minutero que no cesa.
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...miraremos lejos