Su sueño había sido ir al Palace, pasar una noche como un auténtico rico. Su sueño era ser uno de esos señores que cuando salen de los hoteles pueden hablar con el recepcionista sobre lo bien que habia dormido a pesar de la noche excesivamente romántica, diría él, de los vecinos de la 312. Dormir todas las noches en esa habitación de hotel después de haberse dado un baño relajante con burbujas. Un bombón, una buena copa de vino y una almohada blanda donde apoyar su cabeza al lado de la de su mujer. Bueno, se conformaba con una noche, sólo una noche.
Cerró el buzón y le echó un vistazo a las cartas, recibos del banco, la tarifa del móvil y el seguro de la casa, el de vida y el de desceso. Seguro de desceso.
- Hasta para morirse hay que tener dinero y... encima sin burbujas.
Hasta para morirse...
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