Y en frente de una tienda Louis Vuitton, una mano se extiende. Vete tu a saber porqué estará allí y vete tú a saber porqué yo puedo estar aquí oyendo el sonido de las teclas de mi ordenador mientras ella está allí cruzando la frontera hacia Kenia donde piensa que estará mejor. Y vete tu a saber quien va a solucionar esto. ¿Que podríamos vivir todos como la clase media portuguesa? Será eso, cosa de datos estadísticas y probabilidades del "podríamos", pero la pura realidad es que aquel trapo en el escaparate costaba 500 euros y era de cudritos.
Y qué difícil resulta salir de la comodidad y del sonido de las teclas.
Y tanto. Somos, no diré cobardes, ni siquiera perezosos; pero un poco descuidados.
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