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Típica utópica.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Yo tampoco

No le debaja el sueño dormir aquella noche, ni tampoco la anterior de las anteriores, el sueño se había convertido en su caída desde el balcón, saltándose cualquier pronóstico, evitando las fases Rem e incrustándose en el hueco que existía entre su oreja y la almohada.

Todos escribían, en el fondo escribían de ellos mismos, todos vertían sus sueños en palabras, sus pesadillas en palabras, sus recuerdos en palabras, incluso sus ronquidos en palabras y a sus muertos en palabras, después de desenterrarlos de los cajones de casas que habían perdido su esencia.

Nadie dormía. A la mañana sigueinte nadie había dormirdo más que su hermano. Esperaban algo y no sabían el qué. Talita apaga la luz y el libro deja de tener sentido. Si alguien borra las rayas, el camino continúa por mucho que las huellas se hayan disuelto. Si tu desordenas los trozos, habrá que jugar a colocar las piezas ¿Le ves el sentido? Yo tampoco. ¿Quién ha dicho que tenga que haberlo?

Y en el cesped no había sombras, solo las pisadas de otro tiempos donde los renglones habían sido borrdados. Amanecía y no era poco. Noche oscura del alma ¿quién te ampara en este sueño?

Ninguno de ellos había encontrado lo que buscaba, ni en Párís, ni en el pueblo perdido, ni siquiera en las plabras, ni en los abrazos, ni en volver a leer aquel libro, aquella página.
Decían que a veces les picaba entre los dedos de los pies, debía estar ahí, lo mismo ahí, entre los pies, tenía sentido todo.

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