Noviembre ha llegado y tus pupilas se han encerrado en la sepultura de tus párpados, he perdido tu relámpago. El hielo sigue colándose entre mi cuello y la bufanda y tus ojos no vienen cubrirme con destellos de tormenta, con rayos que vengan a iluminar mis recovecos, con miradas de fuego que ardan en la comisura de la cremallera, que desaten nuestros zapatos, que desnuden nuestra cordura. Abre los ojos y sal sin paraguas para que te moje de la libertad de la que algún día me apropié.
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