Y,
de repente,
surge, siempre latente,
la eterna melancolía.
Este vivo sin vivir en mí
y de tal manera espero...
que muero en un anhelo,
en un eterno deseo
de pasado no vivido
de ansías de alma llena,
de palabra redonda,
de beso de carne,
de gloria callada,
de paz desosegada,
de fiesta y de siesta,
de veces primeras,
de baile descalza,
de agua que pasa.
Y, sin embargo,
esta engañosa,
calma en el agua.
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