Cambiemos de aires. Vayámonos a Valencia. Viajemos. Cojamos el coche. 7 u 8 horas de viaje. LLeguemos a esta calle estrecha, alejados de las zonas de lujo, de los barrios adinerados. Mezclémonos. Gente diferente. Un bar de comida senegalesa, una vieja loca, una peluqueria fashion hippi, una tienda de tecnología, un asociación de gays, una tienda de costura, familias con hijos, solteros, amigos... Cambiemos de perspectiva.
Tras superar mi rechazo a los cambios me encuentro bien, al final le acabo cogiendo gusto a las cosas nuevas y aprovecho para observar, me encanta observar y quedarme ensimismada contemplado lo que me rodea y pensando en lo que habrá más allá. Esto es grande, sí, y por lo general a mí me gustan las cosas más tranquilas pero esto tampoco está mal y me viene bien. Además puedo pasar aqui un tiempo sin preocuparme por cosas, por sentimientos que antes inundaban mi mente, ahora no, ahora voy más ligera de equipaje y me siento bien. Como dice Drexler " que sea lo que sea". Estoy aprendiendo a no entusiasmarme con las cosas pero tampoco a desesperar. No ilusionarme, tratar a la gente como es, dejando de esperar algo de ellas y aprender a decir que no, sin sentirme incómoda por ello son cosas que aun tengo que aplicar pero que voy haciendo poco a poco.
Las cosas son como son y lo que no es por algo será, qué le vamos a hacer.
Vivir en el camino y no diez pasos por delante y recordando siempre las huellas que ya hemos dejado en la arena.
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