Y pensar que hace unos días era una de las personas más tranquilas del mundo, quería y necesitaba estar despreocupada y lo conseguí, ademas estaba segura de mí misma o eso intentaba. Ahora vuelvo a caer. Vuelven las ganas de llorar y los ensimismamientos mentales, vuelvo a cuestionarme a mí misma una y otra vez y a sentirme incómoda, con lo que siento, con lo que digo, con lo que hago o dejo de hacer y vuelve el arrepentimiento.
¿Y por qué vuelvo a caer otra vez? Yo sabía lo que tenía que hacer con mi vida, tenía cierta sensación de incertidumbre pero estaba contenta ¿por qué vuelve entonces esta angustia, esta sensación de falta de plenitud?
¿Por qué siendo tan desastrosa exijo tanto a los demás? Rechazo a las personas que me quieren, rechazo la comprensión y el amor por seguir buscando la plenitud de cosas imposibles. ¿Y ahora qué tengo? ¿Dónde he de dejar mis palabras en busca de ayuda? Y lo mejor, de todo ¿de verdad quiero ayuda? Siempre acabo haciendo un poco lo que me sale de las narices para después poder sentirme mal y no saber a quien recurrir.
¿Qué es lo que quieres alma de cántaro? ¿Qué te regalen el oído? ¿ A dónde te crees que vas con esa sensibilidad tan egoísta? No sé, ni siquiera entiendo por qué pienso en cosas tan idiotas cuando dentro de cuatro días estaré bien.
Supongo que la vida es así un rato de paz y dos de guerra.
Está claro que no podemos aspirar a estar bien siempre. La verdad es que somos nuestros peores enemigos, ¿eh? Nadie nos fastidia más que nosotros mismos.
ResponderEliminarEspero que ya se te hayan pasado los tiempos de guerra.