Hace frío en la ciudad. Un frío que cala en los huesos, sin embargo, la piel está caliente y a pesar de que las manos están entumecidas aún sienten su tacto, suave, suave tacto. Y aunque a veces muerda el sentimiento absurdo de la culpa con dientes de hielo, debería saber cuanto calor aportan sus miradas a la noche gélida de ese cuerpo pequeño, deberia saber qué poco le importa el frío si puede sentir su hombro debajo de su poco detallista cabeza. Debería saberlo.
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