Fumarás en la ventana y hasta aquí no llega el humo, hasta aquí solo llega la ausencia. Estamos llenos de vacío y bramantes de vida. No fumas en la ventana, no se puede, ni yo puedo ver ninguna silueta sobre el arrecife, porque estamos muy lejos del mar, de todos los mares de los que solo sabemos que no existen las últimas olas. Nos ahogó el polvo, no el agua, nos sumergió la arena de los campos secos.
¿Cuántas flores plantamos en nuestro desierto? ¿Cuántas han derramado sus pétalos en nuestros pechos? Ya han dejado su esencia en nuestras vidas y la fragancia empapa nuestros poros nostálgicos.
No somos empedernidos del amor, somos vivientes compulsivos sentados frente a un teclado de noche en noche y de día en día. Temerosos, deseosos del futuro que un día vino con esperanza, pero, ahora, toca resucitarla, o eso decimos, con revoluciones individuales, con recuerdos paralelos, con luces de mesita alumbrando camas de matrimonio donde los dos lados están vacíos pero aún se perfuman las siluetas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario