-Malditas noches, maldita corrosíón del tiempo. Amarga dulzura maldita. Realidad e ilusión se funden en esta capa de calor, en esta atmósfera de sudor frío. Esto no es una novela romántica, aquí hay mosquitos, hay exigencias, hay plazos. A esta isla no le quedan naúfragos para huir. Maldita dulzura de noches de abrazos que ahora se anhelan. Y no duermo por la calor y la falta de compañía. ¿Cómo quieres que duerma en una cama que no es la mía? Tantos posesivos con los que nos críamos... Al final, solo poseemos el polvo en el que nos convertimos y hasta eso se lo lleva el viento. Dueños, ¿ de qué? Hasta el sudor se escapa de nuestras entrañas y solo queda este dolor. Malditas noches. Maldito desorden defendido a capa y espada y este priorizar los sentimientos a cambio de nada. El miedo al riesgo me hizo perder al final todo lo perdible.
- El señorito no puede dormir sin sus valerianas. Pensábamos que el cambio de aires, en este hotel le sentaría bien, pero nada, no hay remedio. El infeliz se ha dado cuenta tarde de que ha perdido su herencia por colmar el alma de quien no lo amaba. La misma historia de siempre, y luego cualquier escritor barato lo convertirá en una drama y algún intento de poeta querrá transformarlo en el dolorido sentir de una noche tormentosa de amores frustrados. Anda, estoy harto de esta calor, ponme un combinado con hielo.
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