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Típica utópica.

martes, 9 de octubre de 2012

Seguimos siendo torpes escritores de sueños rotos.

Te empeñaste en pintar en las paredes, y yo me empeño en leerlas. Sigo aquí sin escribir más de dos líneas seguidas, porque hace tiempo que la vida se convirtió en una serie de sucedáneos,en la que la esencia parece haberse dormido en construcciones de piedras que hablan en otro idioma. Mis piedras, sin embargo, siguen perennes en esta ciudad parada y me acompañan en reuniones a las que por aburrimiento y miedo llego puntual, aunque normalmente no tengo adonde ir por eso normalmente busco resquicios de cotidianidad donde vaciarme de mí misma. A veces, juego a las ilusiones de infancia y me encuentro de frente conmigo misma en las ventanas con vistas a un muro, entonces, durante un rato me reconclio con mi soledad. Los días pesan cuánto más se vacían, eso ya lo saben muchos y como dijo un hombre, al que tú leías en terrazas de verano que pronosticaban días de vino y rosas,y que acabó cegándose él mismo a la vida "la valentía no es más que la elegancia a presión". La elegancia se tiene no se adquiere, y yo sigo en la vida con la ropa de andar por casa, pero, a veces, hay que levantar el cuerpo contra todo pronóstico y vencer los días. La soledad no es tan mala ni tan puta si se viste con ropas de domingo. El ego es un consuelo cuando la nostalgia araña cada segundo y el amor también se ha cegado a la vida, suicidándose o matándose lentamente, quién sabe lo que pueden pesar los cuerpos cuando se toman por muertos sin estarlo realmente. Al final solo queda el recuerdo y un montón de cenizas guardadas en una lágrima de lo que un día llamamos felicidad.

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