A 5 días de un fin anunciado entre los colores de un calendario que he perdido y al que nunca le sigo la pista, me pregunto hace cuánto tiempo viví ya el fin de una etapa que no sé con cuánta gloria ha dejado su pena, o con cuántas penas ha marcado su gloria. Ni siquiera sé si ese fin al que apunta el color rojo -o tal vez el naranja- marca de verdad algo más significativo que unos arábigos caracteres que indican ese número con tan supersticiosas connotaciones como el "11". Llegará el viernes y pasará otro día y no sé cuántos más hasta que llegue el gran día de las bufandas azules y después el de los jurados por examinar algo que se hizo a destiempo y con interés de a ratos. Y después... después... un vacío de nubes donde no hay birretes que lanzar al cielo.
Los cuervos son más negros cuando los dibuja Lorca que cuando regalamos libros de Edgar Allan Poe, o eso creíamos antes de que el despertador de las ocho nos hiriera los tímpanos y lo pospusiéramos cinco minutos, otro cinco minutos y otros cincuenta más. La semiótica es más complicada que el código de circulación; nos lo enseñó una buena profesora después de que los LC se parara en sus rojos correspondientes, llenos de gente que dormita y suspira sin saber siquiera que debe de existir también un código de bostezos. El estilo indirecto libre es más libre en la Regenta que en las conversaciones destripadoras sobre el compañero de atrás o de delante. Los buenos profesores eran los mejores en el Instituto Libre de Enseñanza aunque tuvieran que emigrar porque señores bajitos llevaban el pan debajo del brazo, y ahora los buenos profesores-que tienen muchos estudios que podéis consultar por un módico precio- hablan y blablasean en sus pizarras mientras otros cogen su petate y se marchan con su música a otra parte porque aquí ya no hay sitio para más- o eso dicen desde los despachos vacíos a las horas de los cafeses. El HTML esmás productivo que tus dibujos de ojos que lloran palabras o eso pensaba antes de entender que había otra universidad entre tus garabatos. Los alumnos extranjeros son más extranjeros todavía después de una clase de ELE porque, lo hemos aprendido bien, tenemos culturas muy distintas pero una sonrisa y unas tarjetas de colores siempre ayudan, más incluso que mezclarse con dulces de leche y pasta al estilo de Baviera. Los despachos son más despachos cuando no hay cartel que indique que vuelva usted mañana y se pueden consultar las notas de exámenes que suben en aras del progreso. Lo que nunca sabremos es si seremos mejores graduados cuando estemos en clase o cuando salgamos a leer a los parques donde no se convocan ruedas de prensa. Eso sí, puedo asegurar que los mejores poemas de amor no aparecieron tras la luz de un proyector sino que se siguen leyendo entre las piedras de San Jorge o en la almohadas de todos nuestros amantes.
Los cuervos de Lorca siguen siendo muy negros y de su pico sale una multitud que vomita títulos universitarios. No sé aún de qué color acaba esta semana pero esta mañana me detuve al lado de un cono - no sé si naranja o rojo- y mi sombra me pareció igual de difusa que la de hace cuatro años pero un poquito más alta y más cercana a la de otras sombras y a la de otros cuerpos que nos alcanzaron con los dedos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario