Nadie ha nacido para ser lo que sus padres esperan de ella o de él, ni siquiera de sí mismo. Nadie ha nacido para venir a padecer ni para llevar una corona o jugar en las puertas de una favela. Nadie está predestinado a ahogar sus penas en alcohol. Pero ahí están las coronas, ahí están las favelas, ahí están las penas. Y los elemenos de las predestinación nos persiguen y se repiten. Mi cuñada, saben ustedes, tiene un retrato que es del siglo XVIII y ella nació en 1982. Yo entiendo poco de genética pero algunos dicen que eso hay que estudiarlo, que estamos aquí por lo que hemos sido antes, por los que han sido antes que nosotros. Yo me permito dudarlo porque mi cuñada por mucho que se parezca a esa chica del pintor francés está casada con mi hermano y mi hermano procede de un pueblo de Extremadura- de la profunda, ya saben, la católica, apostólica, humilde e iletrada- y no creo que la chica del cuadro conociera a ningún extremeño (bueno, nunca digan este cura no es mi padre). Lo que sí sé es que cuando mi abuelo me habla de las disputas que hubo entre sus tías me recuerdan mucho a las que después tuvo él con sus hermanos y mis padres con os suyos. Y sí, puede que la vida sea entonces un eterno retorno, pero ahora en Extremadura ya no imperan los iletrados y los chicos de provincias viven en Boston, París y Chueca. Ahora, yo escribo el pronombre femenino antes que el masculino y creo que nosotros tampoco estamos destinados a ser lo que un día creímos. Sigo leyendo sobre autores ya fallecidos que hablan de España y me doy cuenta de que el "problema de España" sigue siendo el mismo y puede probablemente que tú y yo sigamos teniendo el mismo problema cuando nos arrancamos las palabras a gritos. Pero sigo leyendo a los viejos poetas, leo sus cartas y me doy cuenta de que ellos eran los hijos de las generaciones precedentes y, sin embargo, eran otros cuando escribían y otros aún cuando redactaban sus correspondencias. Y me doy cuenta de que el "yo" es múltiple y, desde luego, dista mucho de ser el "yo" que tú crees ver en mí y más aún el "yo" que yo creo ver sobre mí". Además, ya sabes, ahora las provincias se acercan a las grandes urbes y todos los yoes tienen muchas caras y todos los yoes, quiero pensar, no están predispuestos genéticamente a heredar una corona o o a morir en las puertas de sus favelas, lo que pasa es que todavía no lo saben.
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