La cabeza, utiliza la cabeza. Estupidez. Y vuelta a las andadas. Vas en zigzag, tú no sigues un camino recto, tú vas a trompicones. Salto, salto, caída, caída, esquivas charco, saltas piedra, tropiezas, una curva, un bache y otra vez caída. No, no es estético. Desorden vital. Vas a la zaga dicen, vas detrás. La cabeza, ¿para qué la quieres?
¿Y qué saben? ¿Qué saben de secretos que obligan a esquivar piedras? ¿Qué entienden por comodidad? No la suya, la mía, mi comodidad dependiente de movimientos descontrolados en un perfecto orden. Si no saben, que me disparen sus flechas empapadas de antídoto que yo me quiero herir en mi veneno. El veneno del desorden más placentero. Y lo último en morir será mi corazón pero lo arrastrará la cabeza, y no al contrario.
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