Los que no se fueron, lo abandonaron, los que volverán ya no lo harán siendo los mismos ni mucho menos te querrán igual, ni siquiera tú serás quien inocente confesaba todas sus manías y deseos. Ahora callas el nombre de las sábanas en las que te has cobijado, callas también los celos de los colchones que no conoces y que imaginas siempre usados en actos donde tú ya no cabes, o tal vez, nunca tuviste lugar. El silencio se hace cómplice de tu pasado y salvaguarda el miedo de los días que vendrán y que saben a repetición de intenciones frustradas. Has aprendido a guardar un as bajo la manga, pero buscas dejarlo bajo la almohada de alguien a quien entregarle tus noches.
El suelo seguirá estando frío aunque duermas al lado de un cuerpo cálido.
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