sábado, 9 de marzo de 2013
Arrítmico
Bajando Pizarro, a esa hora en la que el cura llega de vuelta de comprar el periódico- el cura de no sé qué iglesia- y tú vas con la mirada al frente sin fijarte en los lugares de siempre, se oye el sonido de una flauta, justo cuando pasas bajo el Hotel Don Carlos. Entonces la ciudad te devuelve eso que andas buscando en este momento, y que en realidad no es más que algo que te sostenga y te abrace cuando ya no hay a nadie a quien esperar en un banco, nadie a quien echar las culpas por llegar tarde, no hay alguien que te acoja con bizcocho de canela o alguien que te recomiende una canción precisa. Por eso te sujetas a la melodía de la flauta de algún niño que va al conservatorio, o de- quieres pensar- un inquilino permanente en el hotel que toca la melodía echada a perder de un músico en la calle. Sigues andando para cruzar la esquina de una estructura de cemento que ojalá tuviera más sentido que todo lo arritmico que dibujas en la pantalla pero la única esquina que doblas es la de una Caja de Ahorros. El flautista dejó las ratas en la ciudad y tú has vuelto a romper el final y a darte cuenta de que no puedes reescribir nada porque como te dijo aquel poeta- ella dice que es andaluz- cuando repasas lo escrito ya no es lo mismo, igual que cuando cambias la frecuencia de la emisora de la radio y una vez que la vuelves a encontrar no es la misma voz la que se oye.
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...miraremos lejos
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