Los umbrales de las calles del centro
están vacíos de enamorados,
te lo aseguro.
Tengo la nostalgia de las doce de la noche,
ya vencidas, que van camino
del precipicio de la noche en vela.
Y el tiempo no regresa.
Las puertas no esperan visitante,
sólo la lluvia alza la voz.
aullando, tal vez, su soledad
en la caída certera.
El tiempo no regresa.
Y no hay enamorados
salvándose del agua en los umbrales.
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