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Típica utópica.

sábado, 28 de mayo de 2011

Y las manos blancas

En el colegio nos enseñan a discurrir, a pensar por nosotros mismos para resolver un ejercicio de matemáticas, a realizar un comentario crítico sobre un texto histórico,a saber decir que no a un cigarrillo, a formar nuestra personalidad, a diferenciar entre aprendizaje cognitivo y asociativo, a estudiar a los grandes filósofos, a escuchar a los demás cuando exponen sus temas, a respetar al compañero...
La vida nos enseña que el respeto se estila poco, que eso de esccuchar al de al lado no está bien visto y ya no digamos del que está más allá del charco, que decir que "no queremos" es recibir un dedo señalando a la frente, que un partido de fútbol es más importante que esa supuesta libertad que solo parece estar en los pasillos de los supermercados a la hora de elegir el producto que más nos guste, que ser críticos conlleva aprender a huír de la hoguera, que al final las clases más importantes son las de educación física porque al menos nos enseñan a correr para que no nos aplasten las manos blancas.

Siestívora

Si se dormía la siesta se despertaba de mejor humor. Se olvidaba de la mañana, de los recién despertares en los que un día más se le hacía un día menos, de los amigos que buscaban enemigos constantes, de las utopías ajenas, del entusiasmo de los desentusiasmados, de su desgana enlatada, de las palabras que le sabían a paja, de la aguja en la lengua, de los "espérame" de doña esperanza, de los grandes supermercados de sentimientos y de los mercadillos de vanalidades, de los que mandaban sin mandarse a sí mismos, de los que se quejaban de los pies sobre los que se apoyababan cada día, de los antisistema y de los fieles a las normas, de los que pensban que todo estaba arreglado y de los que se engañaban. Sobre todo se olvidaba de su yo, y después, se olvidaba de levantarse.

Sonó la alarma. Quedaba toda la tarde para despertarse. La tarde prometía algo más que un sueño. Quizás.

jueves, 12 de mayo de 2011

Hermanos sin fraternidad

Se llamaba Caín y no era el hermano malo. Fue castigado siete veces y nunca supo por qué. Era una marioneta más en aquel juego de "quizás", de "podría ser", de "pasese mañana" en el que siempre se le enredaban los hilos a la espera de salir a la actuación. Siete veces expulsado de siete empleos diferentes, siete veces en la calle. Siete veces castigado al destierro mientras los Abeles paseaban vestidos de trajes de chaqueta y futuros de intereses a tantos por ciento.
Caín solo era un más en los soportales y ahora los Abeles, que siempre habían tenido su ganado destinado desde el principio y la aprobación de Dioses vestidos de chaquetas que recibían ofrendas a modo de recibos, pasaban a su lado y lo miraban de soslayo.
Caín reclamaría su parte.

sábado, 30 de abril de 2011

Y hermana duda

Los huesos de los besos dice Fito ¿Para qué? Si después...
El fin justifica los medios dice Machiavelo.
Pero Drexler dice... Amar la trama más que el desenlace.
¿No?
Y ser demasiado humano. Muy pocas personas, demasiada gente

jueves, 21 de abril de 2011

Piedras

Había tirado la moneda al agua y no había escuchado el golpe sobre la superfecie. Se había hundido y ahogado entre la arena de aquel pozo oscuro. Tal vez se había quedado sordo o tal vez la piedra fuera demasiado pequeña para que su sonido pudiera llegar hasta donde él estaba. Ya no le pesaba en el bolsillo.
Hacia mucho tiempo que ésa piedra había tropezado con su pie, mejor dicho, el pie había tropezado con la piedra y desde ese momento la llevaba en el bolsillo, la sacaba a ratos cuando le parecía que le cansaba por su peso. Siempre le había parecido que era una piedra muy grande ya hora, sin embargo, se había enterrado en aquel pozo sin hacer el menor ruido.
Había decidido arrojarla al agua porque ya no necesitaba aquella piedra para continuar su camino, quería viajar libre de amuletos, ya no tenía cobijo y sabía lo difícil que era convivir con eso.
Se dio media vuelta y remprendió la marcha, notó frío en la pierna, unas pequeñas gotas le habían salpicado y mojado los pantalones. Aquella piedra había dejado sus últimas huellas aunque sin sonido alguno.

lunes, 11 de abril de 2011

Oídos sordos

La pérdida de control hizo que pegara el volantazo y chocara contra aquel árbol que había empezado a crecer años atrás y que ese día de verano se habia colocado en el lugar más imprevisto para incrustarse en su vida. En realidad, siempre había estado allí y lo sabía porque pasaba a menudo por delante de él, lo miraba con envidia: siempre parecía estar orgulloso, irguiéndose al cielo, esperando alcazanzar el sol y él, sin embargo, sólo era un conductor que iba siempre por la misma carretera esperando no llegar tarde al trabajo y no faltar a sus propósitos de buena vida, a su búsqueda de la normalidad, a su delimitada carretera, alguna que otra vez salpicada por noches de bares con amigos, largas siestas y comidas poco mesuradas, pero sólo eso, porque lo más importante era la carreteta. Pero aquel día acabó perdiendo el control, sabía que agún día pasaría y en ese momento se chocó. La corteza herida se clavó en su piel y su cuerpo cayó a la carretera. El árbol seguía en pie y allí estaba el sol alumbrándolo y mientras él se fue apagando, a oscuras.

miércoles, 6 de abril de 2011

Y no quejarse de nada.

Tener todo por momentos. Palmadita en la espalda y estar más seguro.Saber que en realdiad no se tiene nada. Uno solo tiene lo que no amarra. Buscar la eternidad de cinco minutos. Y que sea lo que sea. Mangas cortas en una noche de primavera. La vie en rose. Pupilas grandes

...miraremos lejos