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Típica utópica.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Y tiro porque me toca

I

Este invierno no sabe llover,
impotente,
no sabe empapar y derribar,
borrar incluso las huellas de los charcos,
arrastrar los ecos de esas canciones
que aún estallan en la garganta
en mil pedazos de ayeres.

II

Este invierno chispea,
y huele a llovido sobre mojado,
en los puentes melancólicos
de este tablero.

Este invierno disimula,
y me sigue la corriente
aunque no me lleva nunca.


viernes, 12 de diciembre de 2014

(Des)Mundízame

Busco un mundo que me inmunde y que me aleje de todo(s) aquello(s) que no estén dispuestos a desmundarme,


jueves, 12 de junio de 2014

Delirios del yo

Nadie ha nacido para ser lo que sus padres esperan de ella o de él, ni siquiera de sí mismo. Nadie ha nacido para venir a padecer ni para llevar una corona o jugar en las puertas de una favela. Nadie está predestinado a ahogar sus penas en alcohol. Pero ahí están las coronas, ahí están las favelas, ahí están las penas. Y los elemenos de las predestinación nos persiguen y se repiten. Mi cuñada, saben ustedes, tiene un retrato que es del siglo XVIII y ella nació en 1982. Yo entiendo poco de genética pero algunos dicen que eso hay que estudiarlo, que estamos aquí por lo que hemos sido antes, por los que han sido antes que nosotros. Yo me permito dudarlo porque mi cuñada por mucho que se parezca a esa chica del pintor francés está casada con mi hermano y mi hermano procede de un pueblo de Extremadura- de la profunda, ya saben, la católica, apostólica, humilde e iletrada- y no creo que la chica del cuadro conociera a ningún extremeño (bueno, nunca digan este cura no es mi padre). Lo que sí sé es que cuando mi abuelo me habla de las disputas que hubo entre sus tías me recuerdan mucho a las que después tuvo él con sus hermanos y mis padres con os suyos. Y sí, puede que la vida sea entonces un eterno retorno, pero ahora en Extremadura ya no imperan los iletrados y los chicos de provincias viven en Boston, París y Chueca. Ahora, yo escribo el pronombre femenino antes que el masculino y creo que nosotros tampoco estamos destinados a ser lo que un día creímos. Sigo leyendo sobre autores ya fallecidos que hablan de España y me doy cuenta de que el "problema de España" sigue siendo el mismo y puede probablemente que tú y yo sigamos teniendo el mismo problema cuando nos arrancamos las palabras a gritos. Pero sigo leyendo a los viejos poetas, leo sus cartas y me doy cuenta de que ellos eran los hijos de las generaciones precedentes y, sin embargo, eran otros cuando escribían y otros aún cuando redactaban sus correspondencias. Y me doy cuenta de que el "yo" es múltiple y, desde luego, dista mucho de ser el "yo" que tú crees ver en mí y más aún el "yo" que yo creo ver sobre mí". Además, ya sabes, ahora las provincias se acercan a las grandes urbes y todos los yoes tienen muchas caras y todos los yoes, quiero pensar, no están predispuestos genéticamente a heredar una corona o o a morir en las puertas de sus favelas, lo que pasa es que todavía no lo saben.  

viernes, 25 de abril de 2014

Versiones de un mismo final

Hay historia de amor que auguran despropósitos que a ciencia cierta no sé decirte, pero ahí están. Pobres historias de amor que naufragan desde la naves de los locos en ríos de anís y cerveza de un supermercado con nombre francés. Hay historias que tienen en los labios el nombre del enero y se saben ya pertenecientes a un futuro que no existe. Las hay, y no sé decirte exactamente porqué, hundidas desde el primer día en el que aprenden a flotar. ¡Pobres historias de amor, (des)amor, amor, amor! Desdichadas, que no os vale un te quiero en la boca de un valls. Protagonistas, siempre, de las mejores novelas jamás escritas, incluso cuando son sueños de la ficción y tienen a Dulcinea como madre superiora. Víctimas de vuestras propias expectativas dramáticas que desde que nacéis venís anunciando los últimos tiempos, los que se pierden entre promesas, copas sin carmín y contrabando de deseos. Versiones, al fin y al cabo, del mismo final. Vosotras que nunca habéis escarmentado en cabeza de los ajenos - desde hace mucho- dioses clásicos ni de los personajes más profundos de un novelón decimonónico, ni siquiera en los ojos de los hombres blanquinegros que se tragan sus lágrimas en una peli de Hollywood. Ay, ay, ay, tomad este valls. Y morid con él. 

domingo, 6 de abril de 2014

5días

A 5 días de un fin anunciado entre los colores de un calendario que he perdido y al que nunca le sigo la pista, me pregunto hace cuánto tiempo viví ya el fin de una etapa que no sé con cuánta gloria ha dejado su pena, o con cuántas penas ha marcado su gloria. Ni siquiera sé si ese fin al que apunta el color rojo -o tal vez el naranja- marca de verdad algo más significativo que unos arábigos caracteres que indican ese número  con tan supersticiosas connotaciones  como el "11". Llegará el viernes y pasará otro día y no sé cuántos más hasta que llegue el gran día de las bufandas azules  y después el de los jurados por examinar algo que se hizo a destiempo y con interés de a ratos. Y después... después... un vacío de nubes donde no hay birretes que lanzar al cielo.
Los cuervos son más negros cuando los dibuja Lorca que cuando regalamos libros de Edgar Allan Poe, o eso creíamos antes de que el despertador de las ocho nos hiriera los tímpanos y lo pospusiéramos cinco minutos, otro cinco minutos y otros cincuenta más.  La semiótica es más complicada que el código de circulación; nos lo enseñó una buena profesora después de que los LC se parara en sus rojos correspondientes, llenos de gente que dormita y suspira sin saber siquiera que debe de existir también un código de bostezos. El estilo indirecto libre es más libre en la Regenta que en las conversaciones destripadoras sobre el compañero de atrás o de delante. Los buenos profesores eran los mejores en el Instituto Libre de Enseñanza aunque tuvieran que emigrar porque señores bajitos llevaban el pan debajo del brazo, y ahora los buenos profesores-que tienen muchos estudios que podéis consultar por un módico precio- hablan y blablasean en sus pizarras mientras otros cogen su petate y se marchan con su música a otra parte porque aquí ya no hay sitio para más- o eso dicen desde los despachos vacíos a las horas de los cafeses. El HTML esmás productivo que tus dibujos de ojos que lloran palabras o eso pensaba antes de entender que había otra universidad entre tus garabatos. Los alumnos extranjeros son más extranjeros todavía después de una clase de ELE porque, lo hemos aprendido bien, tenemos culturas muy distintas pero una sonrisa y unas tarjetas de colores siempre ayudan, más incluso que mezclarse con dulces de leche y pasta al estilo de Baviera. Los despachos son más despachos cuando no hay cartel que indique que vuelva usted mañana y se pueden consultar las notas de exámenes que suben en aras del progreso. Lo que nunca sabremos es si seremos mejores graduados cuando estemos en clase o cuando salgamos a leer a los parques donde no se convocan ruedas de prensa. Eso sí, puedo asegurar que los mejores poemas de amor no aparecieron tras la luz de un proyector sino que se siguen leyendo entre las piedras de San Jorge o en la almohadas de todos nuestros amantes.

Los cuervos de Lorca siguen siendo muy negros y de su pico sale una multitud que vomita títulos universitarios. No sé aún de qué color acaba esta semana  pero esta mañana me detuve al lado de un cono - no sé si naranja o rojo- y mi sombra me pareció igual de difusa que la de hace cuatro años pero un poquito más alta y más cercana a la  de otras sombras y a la de otros cuerpos que nos alcanzaron con los dedos.

sábado, 18 de enero de 2014

Como un aullido interminable

Suena música de un piano lejano, tan lejano que no sé en qué época lo compondría ese señor sonriente al que tantos admiran, tan lejano que no sé en qué estudio de grabación se hizo, tal vez en la ciudad más próxima, tal vez en París, tal vez en Nueva Zelanda o puede que en Utopía. La música sí, suena lejana y llega para serenar esos poros que se erizan a la luz de la lámpara de tu deshabitada mesita de noche sin que nadie pueda diagnosticar la razón aparente. Nadie y la música. Y esas notas que te rodean, y te engarzan el cuello sin la violencia que tiene la vida, sino con la  fuerza suave del abrazo que sostiene después de la expresión voraz de la lágrima; y que nadie vino a darte.

martes, 19 de noviembre de 2013

Si siempre vamos a escribir sobre lo mismo tal vez deberíamos dejar de escribir. Si siempre nos vamos a ahogar en las mismas palabras, ya es hora de que nos estrangulen por última vez. Hay laberintos que no tienen salidas, porque todas las cerramos nosotros mismos con muros inventados de jodidas excusas para no poder siquiera golpearlas a patadas. Igual la tal alegría es una puta que sale los fines de semana con la idiota de la esperanza y acaban jodidas siempre en el mismo laberinto de su propia cobardía.

...miraremos lejos