viernes, 26 de noviembre de 2010
Guadiana
La noche se durmió sobre el río timidamente. No había sombras, sólo el reflejo de las luces en las ondas. No había fantasmas, sólo espíritus danzando encima de la superficie oscura y cristalina, imponente y húmeda. Era ritmo de agua. Ritmo de pasos que jugaban en un suelo inestable, que bailaban en la perfecta armonía de lo que nadie controla. Música líquida que se divertía mirando a través del espejo al fondo negro, sobre el cielo oscuro, creando la claridad a través de las notas de vaho, del silencio de niebla.
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