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Típica utópica.

miércoles, 6 de julio de 2011

La última ola

Detestaba el futuro, prefería no decir promesas, ni hacer planes porque cada día quemaba un ojalá con las cenizas de sus cigarrillos y miraba después con aire distraído las volutas que se llevaban sus sueños, que arrastraban a la noche sus anhelos, marchitos como aquellas rosas que hace ya tiempo había despinado y todo se quedaba en eso, en viento.

Deseaba, quería, le gustaría, por qué no, no estaría mal... ilusiones de collares de conchas de playas a las que nunca llegaba la última ola. Menos mal, aunque cuando había creído en el agua potática siempre había estado dispuesta a encontrar la última ola, se alegraba de que nunca hubiera llegado. En el fondo, sabía que todo era una espera, una constante incertidumbre que le mantenía con las ganas suficientes de enfrentarse a la inmensidad del mar, esperando aquella ola, mientras que miles de cocnahs cubrían sus pies y la arena le rozaba los hombros y le producía aquellas suaves cosquillas.

Sabía que quería una ola, sabía que algún día se entregaría a ella aunque fuera su constante inestabilidad, su péndulo vital, no sería la última pero serían como las olas de su cabello.

Y mientras vivía en un presente continuo con un futuro implacable y un pasado que no se había detenido.

Almohada

Podríamos dormir en una almohada, prescindir del colchón y hundir nuestro cuerpo en la estrechez delgada, ajustando la verticalidad de nuestro tronco, sacando los pies de la acolchada espuma y debatirnos en el vacío.
Y así dormimos con la ausencia de la habitación abandonada, del colchón que tantas pasiones habrá sopesado, sin las sábanas que cubrieron resfriados y dolores de estómago de noches amarradas a nudos que nunca supimos cortar.
El vacío de la estrechez, la constante sensación de caída y la comodidad de tener el cuerpo sujeto a la espuma.
Una almohada para salvar la ausencia de los kilómetros, del tiempo, un palacio donde hundir la cabeza y habitar en la oscuridad siempre vacilante de esta inestabilidad tan plácida.

miércoles, 8 de junio de 2011

Pies de barro

Esperanza tiene pies de barro y un cañón apúntandole a la sien.
Esperanza se suicidaba todos los días pero lo hacia con balas de papel repletas de palabras, de falsas promesas, de objetivos inalcanzables, de verdades envueltas en mentiras que únicamente le traspasaban los oídos, le inundaban el cerebro momentaneamente y chorreaban tinta difusa por los ojos.
Esperanza se vestía de palabras, de vestidos de las noches pasadas, de las lunas en vela, de las llamadas perdidas, de sonrisas ilusas, de los días de playa que vendrían sin ella y de los días que nunca llegaron.

Y antes de que contara diez... ya tenía otra bala cargada en el revolver de la desilusión pero seguía llamándose Esperanza.

sábado, 28 de mayo de 2011

Poderoso caballero don dinero

¿Y qué es eso de humanidad?

http://www.vanguardia.com.mx/investigadoresencuentrancuraparaelcancerperonoesnegocioparafarmaceuticasyquizanuncavealaluz-724971.html

Nos dejamos asustar por gripes que no existen, por virus de pájaros exóticos que no existen ni en los más recargados poemas modernistas, por las vacas o las ovejas que solo existen en los dibujos animados de Heidi, por pepinos cargados de insecticidas... nos dejamos morir del miedo que ni siquiera nos corresponde.

Y este maravillosos estado de bienestar que no estamos dispuestos a perder. Seguiremos siendo humanos.

Y las manos blancas

En el colegio nos enseñan a discurrir, a pensar por nosotros mismos para resolver un ejercicio de matemáticas, a realizar un comentario crítico sobre un texto histórico,a saber decir que no a un cigarrillo, a formar nuestra personalidad, a diferenciar entre aprendizaje cognitivo y asociativo, a estudiar a los grandes filósofos, a escuchar a los demás cuando exponen sus temas, a respetar al compañero...
La vida nos enseña que el respeto se estila poco, que eso de esccuchar al de al lado no está bien visto y ya no digamos del que está más allá del charco, que decir que "no queremos" es recibir un dedo señalando a la frente, que un partido de fútbol es más importante que esa supuesta libertad que solo parece estar en los pasillos de los supermercados a la hora de elegir el producto que más nos guste, que ser críticos conlleva aprender a huír de la hoguera, que al final las clases más importantes son las de educación física porque al menos nos enseñan a correr para que no nos aplasten las manos blancas.

Siestívora

Si se dormía la siesta se despertaba de mejor humor. Se olvidaba de la mañana, de los recién despertares en los que un día más se le hacía un día menos, de los amigos que buscaban enemigos constantes, de las utopías ajenas, del entusiasmo de los desentusiasmados, de su desgana enlatada, de las palabras que le sabían a paja, de la aguja en la lengua, de los "espérame" de doña esperanza, de los grandes supermercados de sentimientos y de los mercadillos de vanalidades, de los que mandaban sin mandarse a sí mismos, de los que se quejaban de los pies sobre los que se apoyababan cada día, de los antisistema y de los fieles a las normas, de los que pensban que todo estaba arreglado y de los que se engañaban. Sobre todo se olvidaba de su yo, y después, se olvidaba de levantarse.

Sonó la alarma. Quedaba toda la tarde para despertarse. La tarde prometía algo más que un sueño. Quizás.

jueves, 12 de mayo de 2011

Hermanos sin fraternidad

Se llamaba Caín y no era el hermano malo. Fue castigado siete veces y nunca supo por qué. Era una marioneta más en aquel juego de "quizás", de "podría ser", de "pasese mañana" en el que siempre se le enredaban los hilos a la espera de salir a la actuación. Siete veces expulsado de siete empleos diferentes, siete veces en la calle. Siete veces castigado al destierro mientras los Abeles paseaban vestidos de trajes de chaqueta y futuros de intereses a tantos por ciento.
Caín solo era un más en los soportales y ahora los Abeles, que siempre habían tenido su ganado destinado desde el principio y la aprobación de Dioses vestidos de chaquetas que recibían ofrendas a modo de recibos, pasaban a su lado y lo miraban de soslayo.
Caín reclamaría su parte.

...miraremos lejos