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Típica utópica.

jueves, 28 de marzo de 2013

No te voy a negar

No te voy a negar todo lo que niego cada día al resto del mundo aunque, a veces, puede que lo haga como en esos países en los que esgrimiendo un ademán afirmativo con la cabeza están queriendo decir que no a todo. Puede que esa ambigüedad sea un poco la que me protege de todos los jueces sin título y con ansias de condenar todos los pecados en la horca en sus miradas cejijuntas. No te voy a decir que no fue un error pero lo haré besándote con los ojos y afirmándote con los labios.

sábado, 9 de marzo de 2013

.Los umbrales


Los umbrales de las calles del centro
están vacíos de enamorados,
te lo aseguro.

Tengo la nostalgia de las doce de la noche,
ya vencidas, que van camino
del precipicio de la noche en vela.
Y el tiempo no regresa.

Las puertas no esperan visitante,
sólo la lluvia alza la voz.
aullando, tal vez, su soledad 
en la caída certera. 

El tiempo no regresa.
Y no hay enamorados 
salvándose del agua en los umbrales.


Arrítmico

Bajando Pizarro, a esa hora en la que el cura llega de vuelta de comprar el periódico- el cura de no sé qué iglesia- y tú vas con la mirada al frente sin fijarte en los lugares de siempre, se oye el sonido de una flauta, justo cuando pasas bajo el Hotel Don Carlos. Entonces la ciudad te devuelve eso que andas buscando en este momento, y que en realidad no es más que algo que te sostenga y te abrace cuando ya no hay a nadie a quien esperar en un banco, nadie a quien echar las culpas por llegar tarde, no hay alguien que te acoja con bizcocho de canela o alguien que te recomiende una canción precisa. Por eso te sujetas a la melodía de la flauta de algún niño que va al conservatorio, o de- quieres pensar- un inquilino permanente en el hotel que toca la melodía echada a perder de un músico en la calle. Sigues andando para cruzar la esquina de una estructura de cemento que ojalá tuviera más sentido que todo lo arritmico que dibujas en la pantalla pero la única esquina que doblas es la de una Caja de Ahorros. El flautista dejó las ratas en la ciudad y tú has vuelto a romper el final y a darte cuenta de que no puedes reescribir nada porque como te dijo aquel poeta- ella dice que es andaluz- cuando repasas lo escrito ya no es lo mismo, igual que cuando cambias la frecuencia de la emisora de la radio y una vez que la vuelves a encontrar no es la  misma voz la que se oye.

lunes, 4 de marzo de 2013

Si aquí dejara de llover

La música suena en francés, resuena por todos los poros de la pared de esta habitación y consigue durante unos instantes poner crear el ambiente adecuado a esta espera en la que mis amantes terminan de hablar con sus maridos. Fumar no sería una mala idea, ni tampoco dejar de hablar de la muerte, como hacíamos el otro día frente a una manzanilla, porque ya ni té siquiera nos permitimos tomar. El corazón y el estómago deben estar protegidos. Tarda mucho en llegar, cambia de canción por favor, ni siquiera sé cómo logré aprobar aquel examen de idiomas. ¿Cómo lo hice aquel año en el que todo apuntaba a la nostalgia mal disimulada? Pero ya ves, aprobé y ahora de nada me sirve firmar en francés las facturas del banco ni los correos llenos de desengaños. Hipotecamos el corazón a la distancia y el beso consumado y perdido al mejor ladrón de ilusiones, el tiempo. ¿Tú crees que ella estará durmiendo con alguien que no seamos ningunos de nosotros dos? Sí, yo pienso que sí y todo sería más fácil si aquí dejará de llover.

lunes, 18 de febrero de 2013

Temblor.

-¿Qué me vas a contar? Me enamoro un par de veces al día- Le dijo ella mientras lo miraba preguntándose que debía de pensar él en ese instante que duraba el mientras.
Ambos sabían que esa conversación se componía de mentiras, y así era como se iban desnudando las certezas. Hacía tiempo que todo había cambiado, o que todo se había vuelto más opaco entre ellos, sin embargo, no era difícil reconocer la ponzoña cuando temblaba en los labios, ni resultaba complicado imaginarse como había sido la vida de ambos hasta entonces. Noches, libros, sueños, paseos, pelicula de la mano de amantes temporales, amores frustrados, amores pasados, proposiciones indecentes, y manos solitarias que se desabrochaban los botones del pantalón en los días más acuciantes de cuerpos huidos. 
 Un reencuentro forjado por fin a base de citas anuladas con excusas vagas pero donde el deseo de volver a verse latía en cada plan inventado.
- ¿Qué quieres que te diga? La verdad, es que no sé que hacemos aquí en medio de la nada, un poco como siempre. Alguien me habló una vez de nosotros, de que estábamos condenados al reencuentro.¿No te pesa la palabra?
- ¿Condenados? No. Nos hemos decepcionado tanto, que el reencuentro ya no existe, nos podemos encontrar ahora si quieres porque tú no eres el mismo al que yo esperaba sentada en el banco.  
-¿Tú crees? Aún doy un salto antes de montarme en el autobús o en el metro, la gente sigue pensando que estoy loco, y yo sé que sigo siendo el mismo loco.
Ella sonrío y contrajo las mejillas:
-Sí... pero ya no me tocas el alma cuando escucho tu voz en la radio.
En ese momento ella se resbaló de uno de los lados del cuchillo. Ellos eran los dos lados de un mismo puñal, hasta entonces... ahora ella se había acabado de derramar. Quién sabe hace cuánto que lo habría hecho. Y él se quedó allí sosteniendo la copa, herido de muerte, confiando en que esa vez también estuviera mintiendo. La miró a la cara, efectivamente, el labio le temblaba. 

lunes, 11 de febrero de 2013

Y allí se paró un cometa.

Saltar la rayuela les proporcionaba esa felicidad que andaban buscando cuando jugaban al escondite con los días futuros. Cruzaban las líneas rápido pero con minucioso cariño, intentando conservar en sus pies descalzos el sabor de la tierra en ese instante, que tenía una textura parecida a aquella en la que coincidían en una línea de Cortázar. 
Dejó de pensar por un momento -o eso pensó- y miró la Rayuela del patio. Uno, dos, tres... dejó de contar. Llenó de té el vaso y suspiró no tanto por la ausencia sino por la consciencia de saber que querer sin futuro era siempre como saltar los cinco primeros números, sabiendo que era un reto, pero que si se alcanzaba se podría logar la calma, aunque solo se sostuviera sobre un pie.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La voluntad de elevar tus párpados


Te digo
que sobre tus hombros
recae tu mundo,
y sólo tú puedes
salvar
 la soledad inexpugnable
del papel en blanco.

...miraremos lejos